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LLUVIA NOCTURNA

.....·····Mágica historia de un mágico sueño·····.....

.....·····Mágica historia de un mágico sueño·····.....

Este quizás no sea el principio de esta historia, pero es a partir de aquí que la empezaré a contar:

Salieron caminando, buscando las olas y la brisa, eran solo dos, un hombre y una mujer hermanos del alma.

Se quedaron a presenciar la belleza, el poder, la poesía… eran solo dos, pero pronto la belleza que admiraban atrajo la atención de otros y por unos momentos se encontraron acompañados de quienes también desearon ver esa belleza, la magia volaba en el aire, podía  respirarse, sentirse; entre los interesados hizo presencia una joven sirena, tan linda y frágil que por unos instantes ella deseó levantarla para que pudiera ver las olas desde lo alto.

Los invitados de la brisa se fueron marchando poco a poco y ellos siguieron su camino.

El siguiente destino fue comer y beber, no en lugar cualquiera debo mencionar, si no más bien uno que cualquier rey, presidente o monarca hubiesen envidiado pues era muy personal, solo para ellos, con una vista excepcional y recuerdos previos que quizás ahora son gratos.

Siguieron caminando hacia un lugar conocido, sabían el destino, pero tan bien sabían que no había prisa, era un día casi ceremonial de plática y pasos.

El camino era bello y pudieron apreciar ciertas cosas que resultaban poco comunes al resto del mundo, pero casi inadvertidas para quien no esperaba poder verlas,  los colores que hacían perder la noción de donde empezaba algo y terminaba, la convivencia en una alberca artificial del picho negro y la delicada gaviota, la irrupción de las palomas donde solo hay arena y sal, una playa privada poblada por una familia de bellezas aladas, recubierta por el aire frió y las cortinas de nubes que permitían pasar solo ligeros rayos de sol.

Hubo otra parada en ese glorioso reino, en el barco de madera ya oceánica, anclado a orillas de la civilización donde otros seres reposaban, y estaba ahí la presencia de una criatura húmeda, de cabellos rubios y ojos de azul cristal, con las alas plegadas a los costados y una personalidad irresistible. Ahí el agua era verdosa cristalina y se detuvieron nuevamente a contemplar las aguas, habían estado platicando pero ahí ninguno decía nada, solo observaban. Él decidió sentarse en la barca para ver el oleaje más de cerca, ella en cambio reposó en las escaleras sin rumbo mientras contemplaba a las criaturas que moraban aquél lugar. Minutos más tarde el giro sus ojos hacia ella y se encontraron en una compartida sonrisa, se incorporó y se dirigió a ella, y así en un momento la sonrisa se convirtió en abrazó el cual fue culminado con la  presencia de los jinetes que llegaron a la presencia de la criatura rubia, a engrandecer su ego y majestad.

Entonces el camino continuó, pronto se encontraron ante la presencia de las puertas del templo, las puertas quemadas sin fuego, quemadas en la humedad; y bien, ellos continuaron al interior del templo… inmediatamente, nostalgia, hacia ya un ciclo terrenal que habían estado ahí por primera vez, en aquel lugar de magia, de paz, de reflexión. Siguieron caminando, el pasillo era todo un nuevo camino, de pronto el templo reconoció su presencia y se dividió en dos poderosas magias, en dos mares; los hechiceros habían regresado a su templo.

 Caminaron despacio, suave, observando los leves cambios que habían ocurrido durante su ausencia  y comentando una vez más las diferencias entre sus mares, iban sin prisa pero el hechicero vio un gigantesco cometa azul pasar ante el altar e invitó a la hechicera a capturarlo en el tiempo, pero el cometa iba rápido y ellos aun se encontraban muy lejos del altar, ni siquiera corriendo habría oportunidad de alcanzarlo, le vieron alejarse con rumbo firme entre las olas.

El camino hacia el altar lucia tan bello, tan firme, tan sereno, la hechicera  se tumbó ante su presencia y le contemplo a lo largo de su figura, el hechicero pronto le hizo compañía, pero dos centinelas les motivaron a seguir su camino hacia el altar, y ambos se incorporaron y siguieron hechizando sus mares.

Por fin, el altar se engrandecía enfrente de ellos, con su poder aguardando, subieronle y justo ahí invocaron a las aguas, a los dioses y los astros y juntaron en un solo imponente y magnifico sus mares, presenciaron y admiraron la más imponente expresión de la belleza y dejaron a la magia desenvolverse sola, demostrar lo que podía crear por sí misma y se sentaron en sus tronos frente al altar. El frío, el frío reinaba  y convertía en un azul pálido lo que tocaba, en lo alto, su Dios les permitió ver el ojo dorado del cielo bañado en hermosas luces plateadas, mientras de él descendían frágiles y extensos destellos de luz que bajaban y se posaban sobre la Tierra del horizonte, y miraron, miraron las franjas de magia, pasar sobre, junto, alrededor de ellos, y del agua salían vigorosas, hermosas y blancas perlas que rebotaban el la piedra gris  y se desvanecían poco a poco de su vista, mismas perlas que los llenaron, los bañaron  en su efímera blancura y le dieron un toque a sus ropajes. Y se alzaba la magia como una fuente y se hacia ola frente a ellos.

Calma, la calma llegó y con ella el tiempo de los recuentos y la reflexión, sentados en la simetría perfecta, ellos comenzaron a filosofar sobre la vida, la verdad, a discutir qué era lo bueno, qué les había Dios dado y negado hasta ahora, El hechicero confió a su hermana los males que le aquejaban, ella escuchó y trató de dar consejos y sabias palabras, al pasar el tema ella le preguntó si existía en verdad el amor o si era solo una hermosa idea que utilizaban los poetas, a lo que él, de inmediato y totalmente convencido respondió que si existía, pero que quizás no era tal y exactamente como ella deseaba que fuese, al poco rato él le contó bellas y sabias historias que la hechicera seguramente jamás olvidaría; la platica continuó su rumbo al compás de las olas y recordaron con agrado su anterior estancia en el Templo de un día nublado.

Las horas habían pasado, y su tiempo había llegado, el momento de dejar nuevamente su amado Templo, comenzaron a andar nuevamente, cada quien en su mar dejando atrás el altar. Caminaban hacia la entrada sobre la alfombra gris, notaron que en esta ocasión no les cantaba el viento en despedida como había ocurrido la vez anterior, pero en su lugar en el mar del hechicero había ahora una poderosa, pero calida luz de protección  y dentro del mar de la hechicera se extendía un largo mar blanco esperanza.

Dejaban ahora las flameantes puertas del Templo, se quedaban poco a poco en el camino mientras caminaban sobre los círculos y las curvas, sobre los vivos colores, bajo el Dios testigo.

Paseaban y de pronto, en el mar a las afueras del reino: una caja, una caja enterrada en la arena, golpeada una y otra vez por las olas, quizás era un tesoro lo que contenía aquella caja, pensó la hechicera e invitó a el hechicero a desenterrarlo, pero él no apoyó la idea, y se limitó a dar cordialmente razones por las cuales debía permanecer ahí el hallazgo, ella, como en pocas ocasiones, no luchó por llevarle la contraria y ambos continuaron su camino de regreso a casa, cada vez más lejos, cada vez más tenues… y el sueño… poco a poco se fue desvaneciendo. 

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